
Era la persona en la que más confiaba. Familia. Pero lo había defraudado. Una vez más.
Pensó en cómo lo iba a encarar, no era una situación fácil, muchos recuerdos le daban vuelta en la cabeza y se le hacía un nudo en el estómago.
Practicó las palabras, los gestos, todo, quería ser directo y sincero, pero también tener tacto al hablar.
Había faltado al evento más importante del año, meses de preparación, muchísima expectativa, cientos de personas esperando la presentación. Y él no estaba, había fallado.
Las excusas sobraban, pero la prioridad estaba clara.
Lo vio estacionar el auto desde la ventana y bajar displicente, indiferente, como si nada. Y eso un poco lo enojó, pero seguía queriéndolo.
Era lo más sano para ambos, no le había dejado opción.
Abrió la puerta y lo vio, ahí parado, y se dio cuenta.
Se conocían de toda la vida.
Se miraron y, luego de un breve silencio, sentenció:
- Tenés que dejar tu trabajo.
Resignado, triste, pero consciente, no dijo nada, pero entendió todo.
- Mañana si querés nos juntamos a tomar algo y vemos opciones —dijo como para suavizar el golpe que claramente lo había afectado.
- Pero ya está, hoy faltaste y sabías que era importante.
Claramente abrumado, sintió el peso de cada una de esas palabras.
- Igual mamá lo grabó, vení que lo vemos juntos —dijo, mientras tomaba la mano de su papá y se lo llevaba al sillón.
FIN DEL ARCHIVO